Aunque no conocemos el año de su construcción, sí sabemos que lleva en pie más de mil ciento setenta años. A pesar de su longeva edad y de la agresión constante que para sus piedras suponen los miles de vehículos que transitan a diario por las proximidades, sigue siendo una de las joyas del prerrománico asturiano.Es una de las edificaciones erigidas en tiempo de Alfonso II (791-842), quien al título de Rey Casto que algunos le otorgan une el de Rey Constructor, pues durante su reinado se va a consolidar el núcleo palaciego que se configura en Oviedo, con la construcción de varias iglesias (San Tirso, Bendones, San Pedro de Nora, San Salvador, Santa María, Cámara Santa) y el complejo de Santullano, constituido por iglesia, palacio y otras edificaciones, de las que tan sólo se conserva en pie el templo erigido en honor de San Julián (Sanctum Iulianum).
Una mirada atenta del exterior del edifico nos habla de una planta rectangular con tres naves en sentido este-oeste y otra (transepto) que las cruza; cabecera recta (fachada este); y tres anexos de planta cuadrada en las fachadas norte, sur y oeste.
En la fachada este encontramos la ventana de tres vanos (ventana trifora, característica del arte asturiano), que es la única forma de acceso a un aposento situado sobre el ábside central. A partir de Santullano, esta habitación, cuya finalidad no está muy clara, es común en las iglesias asturianas. A destacar también, la celosía que cierra el vano norte, la única que se conserva de la construcción original.
Si el exterior apunta algunas de las señas de identidad del prerrománico asturiano, será la decoración pictórica del interior la que confiere a la iglesia de San Julián de los Prados una importancia capital, pues buena parte de las pinturas que recubrían la totalidad de sus muros han llegado hasta nosotros en un estado que permite conocer el proyecto en toda su amplitud.
Las pinturas fueron realizadas «al fresco», esto es, con la carga de estuco todavía fresca se graban los dibujos con un punzón (esta técnica de origen romano no se utilizó en el resto de las construcciones del prerrománico asturiano, siendo ésta una de las razones que explican la importancia que tienen las que cubren los muros de San Julián) y posteriormente se aplica el color sobre la zona.

Dada la rapidez que exige la técnica empleada, es de suponer que el conjunto estuviera plenamente previsto, que los motivos pictóricos obedecieran a un plan preconcebido. El proyecto, de corte geométrico, tendría como principal finalidad la decorativa, esto es, dar realce a unos muros construidos con materiales más bien pobres; no obstante y según los entendidos, no faltan motivos que además de embellecer poseen una carga simbólica. Para comprobarlo y, sobre todo, para disfrutar del color del prerrománico asturiano nada mejor que una visita al interior de este templo construido hace cerca de mil doscientos años.
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Es una de las joyas que tenemos en Asturias y que debemos conservar. Gracias por mostrarla y por esa explicación de sus orígenes inciertos.
ResponderSuprimirUn saludo